SEGURIDAD ALIMENTARIA
Nutrición y mercados con identidad
Entendemos que no existe desarrollo sin justicia de género. Cerramos brechas de poder fortaleciendo la autonomía económica y la capacidad de decisión política de las mujeres rurales. Su liderazgo es la garantía de que nuestros proyectos trasciendan generaciones.
CEDEP ha sido un actor histórico en la lucha por la equidad en el Perú. En 1998, fundamos el Consorcio PROMUJER, liderando una incidencia sin precedentes por la cuota electoral de género y la participación política de la mujer rural. Entre 2003 y 2008, consolidamos este compromiso formulando el primer Plan Regional de Igualdad de Oportunidades en Moquegua y construyendo agendas de género en Lambayeque y Piura.
Hoy, este legado se traduce en proyectos donde la participación femenina supera el 50%, asegurando que el liderazgo de las mujeres sea el eje que dinamiza la conexión entre la agricultura familiar y los mercados globales.
¿Por qué trabajamos este eje?
La alimentación es un derecho, no una asistencia.
Paradójicamente, las regiones con mayor potencial agrícola en el Perú enfrentan los niveles más críticos de desnutrición. En 2023, diez departamentos presentaron niveles graves en el Índice Global del Hambre, con Huancavelica y Apurímac como los puntos más críticos.
Esta crisis no es solo por falta de alimentos, sino por desigualdades estructurales en el acceso a recursos y mercados. La crisis climática y la pérdida de prácticas tradicionales han debilitado la soberanía de las familias. En CEDEP, estamos convencidos de que la solución no es el asistencialismo, sino fortalecer la capacidad de las comunidades para producir, decidir y sostener sus propios sistemas alimentarios.
¿Qué hacemos?
Impulsamos procesos que devuelven el poder de decisión a las mujeres en sus propios territorios:
Fomentamos emprendimientos rurales (textiles, apicultura, servicios) bajo un modelo de dignidad: la co-inversión. Aquí, las mujeres aportan el 50% de sus iniciativas, convirtiéndose en dueñas de su propio crecimiento y generando ingresos propios.
Fortalecemos organizaciones emblemáticas como la COMUR en el macro sur. Aseguramos que las mujeres tengan voz y voto en decisiones críticas, como la gestión de la siembra y cosecha de agua.
Implementamos biohuertos agroecológicos y recuperamos plantas medicinales basadas en saberes ancestrales, garantizando que la salud y la nutrición de la familia sean gestionadas con autonomía.
Abrimos espacios que históricamente les fueron negados. Brindamos capacitación en derechos y equidad para que las mujeres rurales hoy participen, opinen y decidan en las asambleas comunales y espacios políticos locales.
Voces del Territorio
«Ahora tenemos nuestro biohuerto, ya no compramos todo y también podemos vender. Pero lo más importante es que como mujeres nos hemos organizado y hoy también participamos y tomamos decisiones en la comunidad.»
— Judit Juridia Bonilla Garayar, Presidenta de COMUR, Llauta.
«La transformación nace en la parcela y se consolida en mercados justos»