PROYECTOS
En CEDEP, no solo ejecutamos proyectos; tejemos redes de justicia social y ambiental en los escenarios más desafiantes de los Andes. Nuestra trayectoria de casi cinco décadas nos ha permitido construir soluciones sostenibles que evolucionan con el tiempo, siempre con la convicción de que la teoría debe validarse en el campo para ser efectiva. A través de una presencia estratégica dividida en corredores territoriales, conectamos la realidad de las comunidades altoandinas con las dinámicas de la costa, asegurando que el desarrollo rural sea integral, resiliente y liderado por sus propios protagonistas.
Entendemos el agua como el pulso vital de nuestro planeta, pero también como el espejo de sus más profundas desigualdades. Actualmente, más de 2,100 millones de personas carecen de acceso seguro a este recurso en sus hogares, una realidad que la crisis climática agrava al someter a la mitad de la población mundial a la escasez estacional. Ante el reto de alimentar a 10,000 millones de habitantes para mediados de siglo, la gestión hídrica deja de ser un desafío técnico para convertirse en una prioridad de supervivencia global.
En el Perú, este escenario es crítico: el retroceso de los glaciares andinos y el estrés hídrico de nuestras ciudades amenazan una economía productiva que depende de la gestión del agua para evitar pérdidas comerciales de millones de soles. Para el CEDEP, esta crisis tiene un rostro humano y una brecha de género innegable: las mujeres y niñas invierten horas diarias en la recolección de agua, sacrificando su educación y autonomía. Por ello, nuestras intervenciones no son al azar; priorizamos corredores estratégicos donde la complejidad climática y social exige soluciones de alto impacto.
Nuestra labor articula la recuperación de la sabiduría ancestral mediante la siembra y cosecha de agua en las cabeceras de cuenca para garantizar la vida en las zonas bajas, conectando esta seguridad hídrica con una agroecología climáticamente inteligente que revaloriza las semillas nativas y abre puertas a mercados dinámicos. Este modelo de transformación solo es sostenible si cerramos brechas de poder, fortaleciendo la autonomía económica y política de las mujeres rurales y escalando el impacto del campo a la ley. Trabajamos para que las organizaciones locales defiendan el agua como un derecho colectivo, asegurando que la voz rural resuene con rigor técnico en los espacios de decisión nacional.